Tener un estado óptimo de salud no se refiere exclusivamente a estar libre de enfermedades, sino a alcanzar un completo bienestar físico, mental, espiritual, emocional y social. Para catalogarse como saludable, es necesario trabajar cada uno de estos aspectos de manera integral. En la búsqueda de este bienestar total, resulta fundamental considerar estrategias y acciones eficientes en cada área. Muchas de estas estrategias consistirán en actividades cotidianas realizadas de forma repetitiva, con el objetivo de mejorar aspectos frecuentemente subestimados.
Cuando hablamos de bienestar físico, no solo debemos enfocarnos en la apariencia frente al espejo. Un verdadero bienestar físico implica tener la capacidad de movernos y realizar actividades diarias sin inconvenientes. Poder correr, saltar, sentarnos y levantar objetos pesados son acciones que la mayoría de las personas deberían realizar sin problemas. Por ello, mantenerse físicamente activo no solo es necesario, sino que debe hacerse con la intención de mantener o potenciar las capacidades físicas humanas fundamentales, como la fuerza, la velocidad, la resistencia y la flexibilidad.
Existen diversos tipos de actividades que entrenan estas capacidades físicas, y a lo largo de los años ha existido un intenso debate sobre cuál es la mejor. La respuesta, como en muchos casos, depende de diversos factores. Incluso podría decirse que la mejor opción radica en una combinación equilibrada de las alternativas disponibles.
En este artículo exploraremos qué es el entrenamiento concurrente y los beneficios que aporta a la salud. Analizaremos su impacto tanto en la prevención de enfermedades como en la reducción del riesgo de empeoramiento de afecciones existentes.
El entrenamiento concurrente es una modalidad de ejercicio que integra el ejercicio aeróbico y el entrenamiento de fuerza o resistencia en un mismo período de entrenamiento (Da Silva et al., 2020). También conocido como entrenamiento híbrido, esta combinación permite aprovechar las ventajas de ambos tipos de ejercicios.
La versatilidad de este entrenamiento es ampliamente reconocida, ya que puede realizarse mediante diversas opciones que cada modalidad ofrece. Por ejemplo, en el caso del ejercicio aeróbico, se pueden incluir sesiones de carrera, ciclismo en interiores o exteriores, natación o correr en cinta, mientras que el entrenamiento de fuerza puede incluir el uso de pesas libres, máquinas de gimnasio o ejercicios con peso corporal como sentadillas y flexiones.
Uno de los principales beneficios de este tipo de entrenamiento es su capacidad de adaptarse a una amplia variedad de objetivos. Si se realiza de manera adecuada, no solo mejora el estado de salud general de quien lo practica, sino que también puede potenciar su rendimiento deportivo, ya sea en disciplinas profesionales o amateurs.
Dado que cada modalidad de ejercicio genera distintas adaptaciones, como el aumento de la masa muscular en el caso del entrenamiento de fuerza o la mejora de la capacidad cardiorrespiratoria mediante el ejercicio cardiovascular, combinar ambos tipos de ejercicios puede potenciar estas adaptaciones específicas. Esto trae consigo beneficios significativos para la salud, incluyendo mejoras en los factores de riesgo cardiovasculares y el estado muscular. De hecho, se ha demostrado que el entrenamiento concurrente mejora el estado de salud general en mayor medida que practicar cada modalidad por separado (Murlasits et al., 2018).
Incluso en personas con factores de riesgo o enfermedades existentes, el entrenamiento concurrente ha demostrado ser de gran ayuda.
En este caso, se evidenció que después de 12 semanas de entrenamiento concurrente el perfil metabólico de los participantes mejoró significativamente. Los efectos del entrenamiento por intervalos de alta intensidad fueron ligeramente superiores en indicadores como el perímetro de cintura, colesterol LDL e insulina, en comparación con el ejercicio continuo de intensidad moderada (Da Silva et al., 2020). Además, se recalca que para obtener mejoras más notorias en indicadores físicos y de salud, el período de intervención debería ser mayor.
La evidencia es contundente: no hay que elegir entre entrenamiento de fuerza y ejercicio cardiovascular. El entrenamiento concurrente ofrece lo mejor de ambos mundos, potenciando la salud cardiovascular, la fuerza muscular, el metabolismo y la capacidad funcional. Ya sea que busques prevenir enfermedades, controlar una condición existente o simplemente sentirte con más energía y vitalidad, este enfoque híbrido es el camino más eficiente.
Pero aquí está el detalle que ni los artículos ni los videos de YouTube te pueden dar: la proporción ideal entre cardio y fuerza no es la misma para todos. Para un corredor que quiere ganar algo de músculo, la receta es una. Para alguien con diabetes tipo 2 que empieza desde cero, es otra. Para una persona con esclerosis múltiple, requiere consideraciones muy específicas.
En Somia, diseñamos tu plan de entrenamiento concurrente personalizado. No te damos una rutina genérica; creamos un programa que equilibra cardio y fuerza en las dosis exactas que tu cuerpo necesita. Nuestro enfoque integral incluye:
Evaluación de tu condición física actual, objetivos y posibles limitaciones (lesiones, enfermedades).
Selección de modalidades específicas (carrera, ciclismo, natación; pesas libres, máquinas, peso corporal) adaptadas a tus gustos y entorno.
Distribución estratégica del volumen e intensidad para maximizar beneficios y evitar el sobreentrenamiento o la «interferencia» entre modalidades.
Progresión y ajuste continuo basado en tu respuesta real al entrenamiento.
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